El tema de las células madre produce posicionamientos que suelen tener un fondo ideológico, en el buen sentido de esta palabra.
El término”célula madre”, siempre crea expectativas positivas. En los medios de comunicación aparecen con frecencia informaciones referentes a éxitos -aunque todavía limitados- en el uso de este tipo de células.
El problema se plantea cuando se adjetiva ese término, aludiendo al origen de procedencia de esas células. Entonces se produce un enfrentamiento: los que admiten la destrucción de embriones para obtener esas células (madre embrionarias), y los que defienden la intangibilidad de los embriones y sólo admiten el uso de las procedentes de adultos -o del cordón umbilical- (células madre adultas)
El posicionamiento es ideológico, porque es ideológico el punto de partida: respetar o utilizar embriones humanos. Los fines que unos y otros pretenden son buenos: obtener terapias contra enfermedades de diverso tipo. El debate está en los medios: la posibilidad de utilizar o no embriones humanos.
Elegir una posición u otra es una elección ética: conocer la realidad y reconocer su valor, o dar el valor a la realidad según la posición de uno.







