En la vida corriente nos movemos en medio de tópicos y eso nos facilita muchas veces decidir, sin tener que poner mucho esfuerzo. Pero tiene también el peligro de acostumbrarse a aceptar como bueno o como malo, comportamientos que con un poco de sentido crítico que hubiésemos aplicado no habríamos aceptado.
Un caso concreto es la etiqueta mental de que el concebido, el enfermo o el discapacitado es un pobre que, en ocasiones, lo mejor puede ocurrirle es desaparecer.





