Escribíamos la semana pasada algunas de las razones que pueden explicar la perplejidad que produce la existencia de personas que valoren el embrión humano como persona, mientras que otras, en la práctica, no le dan ningún valor. ¿Cómo sobre algo tan importante, desde el punto de vista ético y social, puede haber posiciones contradictorias?
A las razones que dábamos acerca de la admisión social del aborto, queremos añadir que nos encontramos en una cultura que confunde el respeto y la tolerancia a las personas, con la afirmación del relativismo de la verdad y de la norma ética. Este posicionamiento, que puede parecer positivo, sin embargo contiene un fuerte carga destructiva. Si cualquier acto puede valer éticamente lo mismo que su contrario, entonces la única razón para obrar el bien es que se experimente como apetecible.





