Perplejidad ante la persona (y II)

Domingo, 9 de noviembre de 2008

Escribíamos la semana pasada algunas de las razones que pueden explicar la perplejidad que produce la existencia de personas que valoren el embrión humano como persona, mientras que otras, en la práctica, no le dan ningún valor. ¿Cómo sobre algo tan importante, desde el punto de vista ético y social, puede haber posiciones contradictorias?
A las razones que dábamos acerca de la admisión social del aborto, queremos añadir que nos encontramos en una cultura que confunde el respeto y la tolerancia a las personas, con la afirmación del relativismo de la verdad y de la norma ética. Este posicionamiento, que puede parecer positivo, sin embargo contiene un fuerte carga destructiva. Si cualquier acto puede valer éticamente lo mismo que su contrario, entonces la única razón para obrar el bien es que se experimente como apetecible.

Tenía ganas de conocer sus nombres, no porque piense que vaya a servir para mucho, porque las cartas ya están echadas, pero seguramente servirá para la formación de los miembros de la Subcomisión. ¡Qué poco saben muchos políticos -no todos-,  de las cosas que deciden! En ocasiones se trata de temas menores: el cultivo de la amapola en el valle del Tiétar. Pero en otras ocasiones en las que se trata de temas socialmente muy importantes son ignorantes, y atrevidos porque toman posiciones de las que tendrán que responder ante la sociedad y la historia.